Franco, Victoria, República. Entre la legitimidad y la dominación

Fuente: Beppe Aricó (OACU)

Este artículo fue publicado originalmente en el Periódico Diagonal el pasado día 19/10/2016.

Franco, Victoria, República. Entre la legitimidad y la dominación

No se puede negar que Barcelona es una ciudad donde es difícil aburrirse. Y no lo digo solo porque se haya convertido en una potencia turística de primer nivel, cuarta ciudad del mundo por número de selfies, principal destino de los estudiantes Erasmus en Europa y referente por antonomasia de la nueva política Zapatos Geox Zapatos Hombre zapatos con DANIO descubrir cordones con navy outlet cordones geox geox outlet chachi-guay municipal, sino también por las polémicas que, de vez en cuando, se presentan de forma inesperada (y no tanto).

Esta semana, por ejemplo, nos hemos levantado con la generada por la exposición “Franco, Victoria, República. Impunitat i espai urbà”, la cual cuenta, entre sus elementos principales, con un conjunto escultórico conformado por una Victoria franquista que proyecta su sombra sobre una alegoría republicana, y que se enfrenta a una decapitada estatua ecuestre de Franco. El contexto sobre el que se levanta la exposición no es neutro, pues se trata del, ahora rebautizado como, Born Centre Cultural i de Memòria, cuya primera exhibición “Fins a conseguir-ho. El setge de 1714”, representaba, en cierta medida, un ajuste de cuentas con el asedio borbónico que sufrió la ciudad a comienzos del siglo XVIII, y fue llamado por su primer director “la zona cero de los catalanes”.

El pasado lunes, día de su inauguración, el ruido mediático que había acompañado la exposición desde su anuncio, se hizo carne mediante ciertas algaradas en la explanada misma del Centre Cultural. Ahora bien, más allá de la polémica sobre si se trata de una afrenta a la catalanidad o un intento de recuperar parte de nuestra memoria histórica –auténtico oxímoron social y tema que trataré al final del presente texto- no estamos, sin lugar a dudas, ante ninguna novedad en el orden político y social en el que nos movemos. Más bien al contrario, algo que puede que merezca una breve reflexión al respecto.

Hace ya casi un sigo que Max Weber señaló las diferencias existentes entre poder y dominación. Así, poder sería la probabilidad de imponer a otro su propia voluntad, independientemente de la capacidad de resistencia que tuviera el sometido, mientras que dominación  sería la probabilidad de encontrar obediencia a dicha voluntad. Desde siempre, aquellos que han ejercido el poder han sido conscientes de la imposibilidad de mandar eficazmente (en palabras de Weber), esto es, de forma efectiva y sostenida en el tiempo, por lo que han buscado formas de lograr obediencia a través de la legitimidad de sus prácticas.

En este sentido, la sangrienta Dictadura de Franco desplegó todo un abanico simbólico y discursivo –principalmente católico, apoyándose en la realidad religiosa del Estado español de aquel entonces- sin otro objetivo que alcanzar dicha legitimación. Para ello envolvió, sobre todo en los primeros años de su gobierno, el relato de su rebelión contra el orden democrático republicano bajo la forma de Cruzada; se (re)presentó, de forma continua, como tocado por la gracia de Dios –apariciones bajo Palio, adopción de la iconografía religiosa clásica, etc.- y parasitó y manipuló algunos de los principales referentes religiosos populares, como la Virgen del Pilar o Santiago Apóstol, en una demostración más que evidente de su falta de originalidad. Como curiosidad, citar que el sobrenombre con el que se calificó a Franco, Caudillo, al igual que lo hicieron el Furher alemán o el Duce italiano, tiene varios significados: jefe o guía, pero también cabeza de un grupo. Y es precisamente la cabeza la parte que le falta a la estatua exhibida en el Born.

Sin embargo, ésta búsqueda de legitimidad no es exclusiva de los regímenes dictatoriales, sino que es perfectamente posible encontrarla incluso en las actuales y consolidadas democracias liberales. Continuando con el Estado español, la sacralidad del relato oficial de la Transición jugaría un papel similar al de la cruzada franquista, aunque en sentido contrario. ¿Qué otra razón tendría la popularización de la famosa serie de Victoria Prego sobre dicho periodo histórico que la de dotar de cierta mística –de nuevo la connotación religiosa- a unos hechos presentados como una lucha titánica contra la caverna, el bunker, la reacción? Y aquí en Catalunya, ¿no lucen los Presidents de la Generalitat un número ordinal –el Honorable Carles Puigdemont el 130º- que les legitima en su rol de continuadores de la antigua Diputació del General medieval? Y, más cerca aún, en Barcelona, ahora que se celebra el aniversario de la elección de la ciudad como sede olímpica, ¿no se hizo una llamada a la participación y al voluntariado con el objetivo de ser los mejores Juegos Olímpicos de la historia?, ¿no legitimó este éxito en parte a Pasqual Maragall, y a todos los alcaldes socialistas posteriores, para continuar con la transformación de Barcelona en clave neoliberal?

Evidentemente no es lo mismo la dominación ejercida por un President o un alcalde que han obtenido su puesto gracias a un proceso electoral democrático plural, que la obtenida por de un General mediante un cruel golde de Estado que necesita investirse creencias y tradiciones para dotarse de legitimidad. Sin embargo, a nivel sociológico, los dispositivos que operan serían similares.

Es precisamente la legitimidad del actual Ayuntamiento de los comunesde azul air para max correr blancas max plata nike zapatos air Nike lunares gusta 90 0xf11q la que le lleva a propiciar una exposición con la que pretende, según sus propias declaraciones, hacer reflexionar sobre “las características de la propia democracia”, o sobre “la destrucción moral y material que sufrió España durante la Guerra Civil”. Sin embargo, más allá de las actuaciones  de algunos hiperventilados –exabruptos contra miembros de la Associació Amical de Mauthausen y la Catalana d’Expresos Polítics del Franquisme, entre otras, de unos exaltados que viven la ensoñación de que Catalunya fue una especie de isla llena de demócratas dentro del franquismo, como si Samaranch, Porcioles, etc. no hubieran existido- , hechos minoritarios que han sido convenientemente exacerbados por algunos medios de comunicación, es necesario recordar una cosa y es que, a diferencia de lo ocurrido en países como Alemania o Italia, Franco murió en su cama. Aquí no hubo ni tropas aliadas desfilando por la Gran Vía, ni día de la liberación, ni tanques soviéticos como los que tomaron Berlín. Y no solo eso, sino que el principal partido del Congreso, el PP, se niega sistemáticamente a reconocer los crímenes del franquismo. La historia puede decir una cosa, pero la memoria colectiva, la memoria viva de la gente dice otra, y eso es que un sistema democrático no será nunca estrictamente legítimo si está construido sobre las espaldas –y las tumbas- de los perdedores. Podrá ser poder, pero no dominación.

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Rajoy y el poder de la anomia

Este artículo fue publicado el pasado 31/07/2016 en eldiario.es y catalunyaplutal.cat

Rajoy y el poder de la anomia

El pasado jueves asistimos a uno de esos episodios a los que, cada vez más, nos tiene acostumbrados el Partido Popular (PP): el sí pero ya veremos de Rajoy al compromiso de someterse a una sesión de investidura. La alegría con la que el PP se toma las normas jurídico-administrativas que rigen las principales instituciones del Estado debería alarmarnos si, tal y como todo indica, su presencia en las principales esferas políticas no parece estar en peligro, sino más bien todo lo contrario.

Uno de los principales legados que el inefable José María Aznar dejó a sus herederos en el Partido Popular (PP) fue abrir una grieta en aquel famoso principio que, desde la Transición, se adjudicaba a los partidos progresistas: El de ostentar cierta outlet Zapatos geox cordones con cordones zapatos Zapatos outlet Geox Hombre navy geox con descubrir DANIO superioridad moral. Dicha posición se basaba en la primacía de ciertos valores -cierta ética- aceptada por la mayoría social como incuestionablemente positiva, a la vez que era  enfrentada, por oposición, a la de una derecha que, en tiempos de irrefrenable modernización del Estado y de salida del oscurantismo franquista, era vista como un freno al avance del país.

Sin embargo, Aznar no estaba inventando nada que, pocos años antes, no hubieran puesto ya en marcha líderes conservadores como Margaret Thatcher o Ronald Reagan. Parte del éxito de las políticas llevadas a cabo por estos ex gobernantes estuvo basado en la capacidad que tuvieron para dar un giro completo al discurso social de sus respectivos países. Thatcher acabó con décadas de consenso socialdemócrata en el Reino Unido y situó la responsabilidad del futuro del país en cada uno de los individuos que lo conformaban, llegando a afirmar que no existía una cosa llamada sociedad. Reagan, por su parte, acompañado de sus halcones republicanos, entró en los 80s a caballo de un significativo incremento del gasto militar acompañado de profundos recortes y reformas neoliberales con las que pretendió recuperar el orgullo norteamericano y la leyenda del american way of life.

Sin embargo, observando el comportamiento, cada vez más frecuente del PP, podríamos decir que las enseñanzas del padre fundador del principal partido conservador del Estado, no solo han sido tomadas al pie de la letra, sino que posiblemente los populares podrían haberse pasado de frenada y estar al borde de generar aquello que los sociólogos denominan anomia. Por anomia podríamos entender, siguiendo la definición durkheimiana, aquel estado en el que la inexistencia de normas dificulta, o hace imposible, las relaciones de grupo, así como su integración en sociedad.

Desde luego, sobran evidencias de avances en ese sentido. Desde la falta de responsabilidades políticas por el famoso “Luis, se fuerte”, pasando por la destrucción de pruebas del mismo Caso Bárcenas, los indicios más que creíbles de la existencia de una “Caja B” dentro del partido, la utilización fraudulenta y chapucera de las instituciones del Estado contra determinadas opciones políticas del ámbito catalán, la Operación Púnica, la decisión unilateral de no responder a un Congreso recién elegido, los sobres con dinero negro, los bolsos de Rita Barberà, los negocios de Gustavo de Arístegui, los despidos en diferido, las ruedas de prensa vía TV de plasma, etc., etc., etc., hasta llegar a este sí pero ya veremos de Rajoy suponen toda una larga lista que no continuo por no hastiar a los posible lectores y lectoras. La situación anómica del Partido Popular, no obstante, no se produce por una ausencia de normas, sino por la simple y desvergonzada opción de no cumplirlas.

En parte de la literatura clásica, e incluso en el mundo del cómic, a veces los personajes más poderosos no son aquellos que cuentan con mayores capacidades o mayor poder político o personal, sino los que no se rigen por las reglas ni por las conductas comúnmente aceptadas. Quizás sea el momento de pensar si la inacabable primacía del Partido Popular tiene algo que ver con esto.

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Los nuevos municipalismos y el fin de la Historia

Fuente: singenerodedudas.com

Este texto forma parte de la editorial que escribí para el monográfico de la Revista Quaderns-e del Institut Català d’Antropologia (ICA) sobre “Nuevos municipalismos y conflicto urbano“.

Los nuevos municipalismos y el fin de la Historia

Sin duda es pronto para juzgar el papel desempeñado por los denominados nuevos municipalismos en la historia reciente de nuestras ciudades. Al fin y al cabo hace menos de dos años, desde las elecciones locales de mayo de 2015, que organizaciones como Barcelona en comú, Ahora Madrid o Por Cádiz sí se Puede gobiernan en algunos de los principales ayuntamientos del Estado españolde Gazelle tenis baratos proveedores Originals Negro adidas adidas sintética negra Mujer Zapatillas serpiente superstar Zapatos rosas de de deporte adidas gxznYE.

Para las ciencias sociales se trata de casi unos desconocidos. Y digo casi porque de forma reciente han comenzado a aparecer artículos, monográficos en revistas, libros y otras publicaciones de corte académico donde ya es posible encontrar unas primeras aproximaciones serias al tema. En este sentido, y por destacar algunas, tenemos el último número de la Revista Internacional de Sociología que, editado por Eduardo Romanos y Katrin Uba y bajo el título de “De la contienda política al cambio social. Repensando las consecuencias de los movimientos sociales y los ciclos de protesta”, se acerca a las relaciones entre movimientos sociales, poder institucional y ciclos de protesta. Otro ejemplo de esto mismo, ésta vez realizado desde una perspectiva de corte histórico, es el dossier coordinado por el antropólogo andaluz José Maria Manjavacas “De la indignación a la representación: cinco años de movilizaciones sociales”, publicado por la Revista de Historia Actual. La citada publicación realiza un recorrido histórico-político de algunos de los movimientos surgidos tras el 15M que han acabado alcanzando, ya sea directamente o a través de sus herederos, el poder municipal institucional.

Ahora bien, para la antropología ¿cómo son esos nuevos municipalismos?, ¿qué características tienen?, ¿es posible avanzar una definición de los mismos?, ¿qué papel desempeñan en los conflictos urbanos? Una importante pista sobre éstas y otras cuestiones nos la ofrece el libro que, en el año 2014, publicó el Observatorio Metropolitano de Madrid con el título La apuesta municipalista. La democracia empieza por lo cercano. En él, autores que después estarían vinculados a propuestas como Ahora Madrid intentaban poner negro sobre blanco el papel que las instituciones municipales deberían jugar en el futuro en el marco político-administrativo del Estado español. Para éstos, la apuesta municipalista comprendería la siguiente hipótesis: “Si tomamos las instituciones que resultan más inmediatas a los ciudadanos, los municipios, y los convertimos en ámbitos de decisión directa, podemos hacer realidad una democracia digna de tal nombre” (Observatorio Metropolitano de Madrid 2014: 143), para lo cual se necesitaba un prerrequisito esencial, desalojar del poder a los que, hasta ese momento, lo estaban ocupando. La propuesta pasaba, además, por la creación de unas candidaturas controladas DANIO navy cordones Zapatos Zapatos Geox con geox descubrir zapatos geox cordones con outlet Hombre outlet desde abajo, por los ciudadanos, que, más que funcionar como un partido, lo hicieran como un movimiento. Una vez alcanzado el poder se trataría de “predicar con el ejemplo” (Ibíd.: 144).

Si la relación de los nuevos municipalismos con las ciencias sociales es más bien incipiente, otras disciplinas, como el periodismo o la comunicación política, han jugado un papel fundamental en su conocimiento, difusión y crítica desde el principio. Así, es imposible negar la importancia que los medios de comunicación han ejercido tanto en el impulso inicial del movimiento 15M, como en sus posteriores corporalizaciones municipales, autonómicas o estatales. De hecho, no han faltado voces que han calificado el comportamiento de partidos como Podemos[2] como auténticos “medios de comunicación, como un emisor de mensajes” (Gil 2017).

Con el paso del tiempo, sin embargo, estos nuevos municipalismos han adquirido el carácter denavy Hombre outlet con geox DANIO descubrir con cordones Zapatos Geox outlet zapatos geox cordones Zapatos mero significante(Espinosa Pino 2016), o significante flotante, añadiría yo recordando a Levi-Strauss (1979), de forma que su manifiesta indefinición sería prueba clara de su carácter de símbolo puro. De este modo, internamente evidencian una amplia heterogeneidad organizativa -partidos instrumentales, agrupaciones de electores o coaliciones de partidos-, y su origen y principales protagonistas provienen de ámbitos y escalas también diferentes. Sin embargo, si en algo coinciden es en el manejo, por parte de los mismos, de una serie de conceptos y definiciones, de relatos y narrativas –de un repertorio simbólico, en definitiva- que los situaría, de forma clara, en aquello que Manuel Delgado, y antes que él, Alain C., denominara ciudadanismo. El antropólogo catalán define ciudadanismo como aquella “corriente teórica más bien difusa que promueve nuevas formas de gestión y participación políticas en las que se realicen los principios democráticos universales en que se dice sustentar el sistema liberal, pero que, se sostie­ne, aparecen adulterados por su usurpación interesada por parte de un capitalismo despiadado, al que se cree viable atemperar de la mano de su reforma moral (Delgado 2016: 11)”.

Los nuevos municipalismos habrían conseguido desalojar del poder a los representantes de la vieja política, pero solo para dar paso a una “nueva élite” personificada por ellos mismos, de forma que, aislados de sus orígenes sociales, habrían apostado por políticas de gestión y neutralidad institucional y por cambios de pequeña intensidad (Espinosa Pino op. cit.). Lo de nuevos habría quedado, así, limitado a los ciclos de protesta que los auparon al poder municipal, mientras que, en relación al ciclo político, es decir, a la representación institucional, las formas partidistas, así como a las expectativas generadas, continuarían girando en torno a un eje de carácter más bien tradicional (Calle Collado 2016).

De esta forma, el empresarialismo urbano, esto es, el papel ejercido por los ayuntamientos en el proceso de acumulación neoliberal que ha vivido el Estado español durante las últimas décadas, y uno de los principales reclamos enarbolados, no solo en La apuesta municipalista, sino también por un amplio espectro de movimientos sociales, aunque contestado, no habría sido eliminado, si acaso mitigado y adornado con eslóganes ciudadanistas como los de “gobierno para todos”, “ayuntamientos del cambio” “articulación colectiva”, “participación” y otros. Se viviría, de esta manera, la recuperación -más evidente en ciudades como Barcelona- de cierto discurso moralizante, más propio de otras épocas, pero que se ajustaría perfectamente a una nueva versión soft del poder institucional de toda la vida; un poder que buscaría neutralizar la conflictividad inherente a toda forma de vida urbana mediante un discurso muy sencillo pero, a la vez, muy poderoso: el de que verdaderamente se ha producido el asalto a los cielos municipal, un verdadero fin de la Historia que solo ocultaría, tal y como nos recordara Manuel Delgado (2016b), la evidencia de “un capitalismo enrollado, afable, participativo y, sobre todo, paternalista en lo social”.

A partir de estos supuestos, el presente monográfico está basado en el Panel que, bajo el nombre de Demandas Urbanas, conflictos y nuevos municipalismos, se llevó a cabo en el pasado II Congreso Internacional de Antropología AIBR, Antropólogos Iberoamericanos en Red celebrado en septiembre de 2016 en Barcelona. El mismo reunió el trabajo de investigadores e investigadoras provenientes de grupos de investigación y centros como el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), el Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía (GEISA) de la Universidad de Sevilla, el Grupo de Investigación Social Acción Participativa (GISAP) de la Universidad Pablo de Olavide y ETNOCÓRDOBA Estudios Socioculturales, de la Universidad de Córdoba. Los trabajos incluidos en el Panel trataron sobre diversos conflictos y movilizaciones ubicadas en los contextos antes señalados. Desde el caso de Vallcarca, en Barcelona, donde la agónica sentencia establecida por el Plan General Metropolitano de 1976 se alza, insoslayable, aun hoy sobre el barrio pese a los diferentes colores que han vestido el Ayuntamiento, pasando por el de la ciudad de Córdoba, caso paradigmático en el Estado español, una de las ciudades que durante años mantuvo una corporación municipal comunista –Izquierda Unida, después-, hasta llegar a Valencia y su Gobierno a la valenciana, para acabar volviendo a Barcelona y sus irreductibles políticas de control sobre el espacio público.

Tras una productiva discusión y un enriquecedor contraste de experiencias sobre cómo se habían articulado estas protestas en el marco de los denominados nuevos municipalismos, el presente número de Quaderns-e ofrecía la posibilidad de trasladar los resultados y conclusiones de las investigaciones en marcha al resto de la comunidad académica, así como al público en general. Este es el objetivo del presente volumen, un número que se ve acompañado de un dossier Miscelánea que recoge hasta cinco artículos de las más diversas temáticas que han ido llegando al Consell de Redacció de Quaderns-e a lo largo del último año.

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Bibliografía

Alain C. (2006) El impasse ciudadanista, https://vidadealambique.files.wordpress.com/2012/12/impasse-ciudadanista_fragmentos.pdf acceso 2 febrero, 2017.

Calle Collado, A. (2016) “Ciclos políticos y ciclos de movilización. Entre el 15M, Podemos y nuevos municipalismos”, Revista de Historia Actual, 40 (2), pp. 79-94.

Espinosa Pino, M. (2016) “Los nuevos objetivos de Podemos: Madrid y el municipalismo”, publico.es, http://blogs.publico.es/contraparte/2016/09/14/los-nuevos-objetivos-de-podemos-madrid-y-el-municipalismo/ acceso 2 febrero, 2017.

Delgado, M. (2016a) Ciudadanismo. La reforma ética y estética del capitalismo, Madrid: Editorial Los libros de la catarata.

Delgado, M. (2016b) La restauración maragalliana, elpais.com, http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/05/catalunya/1480963125_581967.html acceso 2 febrero, 2017.

Gil, A. (2017) “Podemos, el partido como medio de comunicación”, eldiario.es, http://www.eldiario.es/politica/Podemos-partido-como-medio-comunicacion_0_607539437.html  acceso 2 febrero, 2017.

Levi-Strauss, C. (1979) “Introducción a la obra de Marcel Mauss”, in Mauss, M. Sociología y Antropologia, Madrid: Editorial Tecnos, pp. 13-42.

Manjavacas, J.M. (coord.) (2016) “De la indignación a la representación: cinco años de movilizaciones sociales”, Revista de Historia Actual, 40 (Primavera 2016).

Observatorio Metropolitano de Madrid (2014) La apuesta municipalista. La democracia empieza por lo cercano, Madrid: Traficantes de Sueños.

Romanos, E. y Uba, K. (coords.) (2016) “De la contienda política al cambio social. Repensando las consecuencias de los movimientos sociales y los ciclos de protesta,
Revista Internacional de Sociología, Vol 74, No 4.

[1] No incluiré bajo el paraguas de los nuevos municipalismos el caso de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) cuyo recorrido y configuración obedece a dinámicas propias de Catalunya.

[2] En este sentido, son muy clarificadoras las palabras del cineasta Stéphane S. Grueso cuando señala que “Podemos, o Ahora Madrid, o las confluencias o las mareas, no son el 15M, pero sin el 15M no habría habido este tipo de partidos”. Para más información ver: https://goo.gl/0efDtC

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Hasta el Puerto, todo era Barceloneta

Este artículo fue publicado originalmente en el diario Nueva Tribuna el pasado 24/11/2016.

Hasta el Puerto, todo era Barceloneta

Hasta el año 2010, el Port Vell de Barcelona, situado junto al popular barrio de la Barceloneta, era un puerto, digamos, medio. Acogía unos 400 amarres para barcos y botes de entre los 10 y 20 metros de eslora y se encontraba gestionado por Globalia, una compañía que tenía como socios a la extinta Caja Madrid y a Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). Justo ese año, Salamanca Group, empresa cuyas raíces llegaban hasta la Rusia de los grandes oligopolios petroleros y que actuaba mediante intermediarios pantalla, compró Globalia por cuatro millones y medio de euros, con el compromiso, además, de hacerse cargo de su deuda.

Justo un año después, con un nuevo gobierno de carácter conservador en la ciudad -Convergència i Unió (CiU)-, la concesión sobre la gestión del Port es prorrogada a Salamanca Group hasta 2036 a cambio de una inversión de 35 millones de euros y su transformación en una nueva marina destinada al turismo de altos recursos y los megayates. A partir de aquí, el término medio difícilmente se podría aplicar a un renovado Port Vell.

Entre las prioridades del nuevo gobierno municipal estaba relanzar el turismo de Barcelona en clave lujo. Poco antes, en unas celebres declaraciones realizadas en campaña electoral, el entonces candidato a la alcaldía Xavier Trias, llamaba a aprovechar la Marca Barcelona, en sus palabras, “una marca explosiva, extraordinaria”, apostando por un turismo, no tanto decantidad sino de calidad -sea eso lo que sea-, además de por su sostenibilidad y, sobre todo, porque Barcelona fuese una ciudad limpia, segura e iluminada(sic) de cara al visitante.

Dicho y hecho, desde el Ajuntament de Barcelona se pusieron manos a la obra, entre otras cosasy mediante una nueva ordenanza de terrazas facilitaron la implantación de este tipo de elementos en el espacio urbano y ampliaron su alcance a establecimientos que, hasta el momento, lo tenían vetado, como carnicerías y panaderías; apostaron por restringir el acceso a espacios anteriormente de acceso libre en la ciudad, como el Park Güell; fomentaron la propia Marca invirtiendo en promoción internacional y en infraestructuras turísticas, y modificaron el Pla d’Usos de Ciutat Vella elaborado por el anterior equipo de gobierno socialista de la ciudad, el cual restringía la apertura a nuevos hoteles y otros establecimientos turísticos en el Distrito.

Entre las curiosidades o coincidencias, la modificación del Pla d’Usos, aprobada en 2013 por CiU, eliminaba la restricción para la apertura de estas empresas, pero solo en el perímetro de Ciutat Vella, esto es, entre otros sitios, justo frente al Port Vell.

Desde entonces hasta ahora, este turismo de calidad se ha aposentado en las inmediaciones del Port y de la Barceloneta: hoteles exclusivos, clubs de lujo, restaurantes elitistas, etc. han aparecido en sus inmediaciones. La calidad, posiblemente, era eso. Sin embargo, para los vecinos la calidad habría resultado ser otra cosa. Cierre de establecimientos tradicionales de la zona, encarecimiento de los precios del suelo, privatización de un espacio que siempre había sido del barrio, etc. Ni siquiera los empleos prometidos en el Club-Restaurante abierto en la concesión han sido reales. Antiguamente, hasta el Puerto, todo era Barceloneta, ahora, sin embargo, esta realidad ha desaparecido.

De esta manera, la apuesta por una economía turística que debiera beneficiar a los vecinos y vecinas de Barcelona en base al conocido efecto trickle down podría haberse convertido, más bien, en desplazamiento socio-espacial y pérdida de identidad local.

En definitiva, el turismo, incluso el turismo de lujo, con todo lo que ello comporta, es una industria y, por tanto, genera externalidades que hay que controlar y regular. Y esto no solo se manifestaría en el empeoramiento o imposibilidad de la vida cotidiana de los vecinos y vecinas de Barcelona, sino que lo notarían los mismos turistas, tal y como una encuesta elaborada el pasado agosto manifestó cuando el porcentaje de visitantes que consideraba la ciudad congestionada de viajeros alcanzada el 58%. Es ahí donde las ciencias sociales juegan un papel fundamental en un intento de comprender y abarcar este tipo de fenómeno de carácter cada vez más global. Una tarea pendiente para la Barceloneta y que se presenta como un reto apasionante.

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De cómo Airbnb quiere a Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en catalán en La Directa el pasado día 20/06/2018.

De cómo Airbnb quiere a Barcelona

Airbnb ha dado el salto de lo digital a lo analógico y lo ha hecho, en horario de máxima audiencia, en alguno de los programas más escuchados del panorama radiofónico del Estado español. Pero, ¿qué pretende una compañía como Airbnb anunciándose en un medio tradicional cuando se presenta siempre como estandarte de la nueva economía? Es más, ¿no sabe Airbnb, empresa que tiene una multa pendiente de 600 mil euros con el Ayuntamiento de Barcelona, que no puede seguir con sus actividades en la capital catalana sin arriesgarse a otra infracción?, ¿o es que esa campaña no va dirigida a captar clientes –lo que en la jerga de la mal llamada sharing economy se denomina “anfitrión”-, sino que cuenta con otro objetivo más difuso y menos evidente?

Vayamos por pasos. Los cortes con los que Airbnb nos está regalando minutos de publicidad radiofónica cumplen con todos los estereotipos del capitalismo de plataforma, esto es, buenrollo, cosmopolitalismo, sabor a barrio, experiencia, gastronomía local, amor y respeto por la vida en la ciudad. La secuencia es siempre la misma: una o varias voces jóvenes, a veces con un leve acento extranjero, se presenta como el mejor embajador de Barcelona. De fondo, música de rumba y en primer plano toda una retahíla de magníficas intenciones y oportunidades. Para los “invitados”, otro elemento de la neolengua de Airbnb, conocer de la mano de un vecino o vecina de la ciudad aquellos aspectos y rincones que no aparecen en las guías, un contacto con lo auténtico, con los caminos no trillados, etc. Para los ya señalados anfitriones, la posibilidad de llegar a fin de mes mediante unos ingresos extras, de convertirse en embajadores de su ciudad, de conectarse con el resto del mundo… En todo esto, Airbnb prácticamente no aparece en escena. Todo el protagonismo en este festival de cosmopolitismo es para “anfitriones” e “invitados”, mientras que la empresa californiana se limita a figurar en los créditos como si de un mero patrocinador institucional se tratara.

Estas acciones no responden a una política comunicacional destinada a la captación de nuevos usuarios/clientes. En una situación de casi monopolio como la que disfruta Airbnb, así como varias otras de las denominadas plataformas “colaborativas” en distintos sectores, las principales amenazas a sus negocios se ubican afuera del sagrado perímetro del mercado. Si por un lado se acreditan discretas pero intensas actividades de lobbying en los salones del poder legislativo, por el otro hay que convencer a la opinión publica de las virtudes del modelo y conminarlas a aceptar eventuales cambios en la regulación favorables a la “causa”.

Para llevar a los ciudadanos a empatizar con los adalides de esta “revolución”, el relato ha de ser necesariamente depurado de todo elemento de conflicto. De esta forma, se magnifican  las sinergias que el denominado home sharing es supuestamente capaz de despertar. Se trata de sugerir una situación de win win donde nadie pierde nada y todos, de una forma u otra, tienen algo que ganar, aunque sea el mero consuelo de contribuir a un mundo mejor. De hecho, uno de los principales retos de la retórica colaborativa ha sido, precisamente, ocultar detrás de referencias colectivas -el barrio, la comunidad, los vecinos, la ciudad-, el carácter profundamente individualista de las prácticas de alquiler turístico, así como la carga de conflicto que su popularización conlleva en el marco de un mercado de la vivienda ya de por sí conflictivo en una ciudad como Barcelona. Un reto ambicioso pero cada vez más necesario para volver a enderezar una opinión pública que en estos años ha podido ver como la explosión del fenómeno Airbnb ha coincidido con una etapa de intensa aceleración y generación de desigualdades por parte del sector inmobiliario de la ciudad.

Podríamos discutir hasta la saciedad qué fue primero, si los cambios en la demanda por parte de los turistas, es decir, la búsqueda de horizontes que, finalmente, no estaban en playas lejanas y destinos exóticos, sino en las calles y plazas de muchos de los barrios populares de las ciudades; o si lo que supone Airbnb es un nuevo cauce, en forma de vida cotidiana, por el que pueda discurrir un Capital –en mayúsculas- en búsqueda siempre de nuevas inversiones que garanticen retornos cada vez más altos.

De lo que no cabe ninguna duda es de que, cuando Airbnb se presenta en Barcelona con su mejor traje en un intento por reconciliarse con la ciudad y reclamando el derecho de todos a compartir la ciudad, en realidad lo que está proclamando en la posibilidad de su venta. Querer Barcelona no es compartirla con el mundo, sino desmercantilizar su vida social.

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No os engañéis, el PSOE es un nuevo movimiento social

Poco a poco va apareciendo el desencanto. Es normal, excepto los más pro, el resto, o bien hemos tenido tiempo suficiente para metabolizar el subidón de la moción de censura y los primeros nombramientos del Gobierno Sánchez –dimisión exprés incluida-, o, directamente, nunca nos loshabíamos acabado de creer.

Desde antes de la toma de posesión de los nuevos Ministros y Ministras, sin biblia pero con Rey, ya era posible recopilar -desde medios de comunicación y redes sociales- toda una lista de demandas dirigidas a los recién estrenados gobernantes. Una auténtica carta a los Reyes Magos de la Moncloa que incluía desde la subida de las pensiones a la derogación de la reforma laboral, pasando por la reforma de la Constitución, la retirada de la Ley Mordaza, el acercamiento de los presos-políticos-presos a Catalunya y otras tantas ideas y peticiones.

Pero no nos engañemos, ni el PSOE tiene la capacidad, solo 85 Diputados y Diputadas de un total de 350, ni puede conformar las alianzas posibles, tanto PNV como PDCat representan sectores liberales, conservados y democristianos en sus respectivos territorios y Ciudadanos y el PP siguen estando ahí, ni disponen del tiempo necesario, menos de dos años en caso de que Sánchez quiera estirar el tiempo hasta el límite, ni tampoco lo pretenden. El PSOE post-Transición no ha dejado de demostrar, año tras año, que tiene un interés verdadero por modernizar España, sí, pero siempre desde una posición que lo hace mucho más cercano a los postulados de Tony Blair, Renzi o Gerhard Schröder que a, que a… intentando buscar una referencia a la izquierda en Europa me he quedado sin palabras. En definitiva, los socialistas del Siglo XXI son un partido español de corte socio-liberal, mucho más preocupados por el debate cultural que por auténticas propuestas que modifiquen un ápice los cimientos del bloque que maneja los hilos del poder político y económico desde hace décadas en el Reino de España. Es por eso que los he tildado de nuevo movimiento social en el título del presente artículo.

Justo ahora que se cumple el 50 aniversario de Mayo del 68 cabría recordar que, si algo trajo ese mes francés, fue una reforma de los usos y costumbres en el mundo desarrollado capitalista. Debajo de los adoquines no estaba la playa –o sí, pero no la que muchos pensaban- sino la disolución del viejo mundo de la posguerra, con sus rígidas relaciones sociales, la preponderancia del valor del trabajo y el mundo masculino industrial, la homogeneidad que otorgaba la cultura de masas, el modelo de familia tradicional, la separación entre cultura y naturaleza, y otros tantos aspectos. Es precisamente uno de los sociólogos que mejor supo interpretar los impactosgenerados a nivel social por el 68 parisino, Alain Touraine, el que acuñó un término que ha pasado a la historia como referente a la hora de denominar las recién inventadas formas de acción colectiva que parecieron surgir entonces: los nuevos movimientos sociales.

Como bien describe Touraine, la sociedad post-industrial se haya en permanente conflicto, pero éste no estaría ocasionado por cuestiones de orden material sino, más bien, por las nuevas prácticas sociales –las costumbres y formas de vida antes reseñadas-, y la categorización del campo cultural, esto es, los significados que pueblan cotidianamente dicho orden. Los nuevos movimientos sociales, nuevos por la consideración de antiguos de aquellos relacionados con la esfera productiva, es decir, los sindicatos y organizaciones laborales, vendrían a realizar propuestas sociales aprovechando las contradicciones existentes. Punto.

Es en esta liga que juega el PSOE. Por eso la preponderancia de mujeres en el Consejo de Ministros y Ministras –ojo, que conste que me alegro enormemente, pero como decía Irantzu Varela, un Gobierno conformado por mujeres no tiene porqué ser necesariamente un Gobierno feminista-; el golpe de efecto con el Aquarius, el barco de los refugiados que el mísero Gobierno italiano no ha querido acoger en sus puertos–aunque ahora dice Marlaska que lo de refugiados ya se verá-; un Ministro de Cultura y Deporte como Màxim Huerta –ah, que ya no está-; una Ministra encargada de la Transición Ecológica –aunque la reforma energética es algo a lo que, de todas maneras, nosobliga Bruselas-, etc.

El partido socialista intentará poner en el centro del tablero cuestiones como la igualdad, el medio ambiente, la solidaridad, etc., cuestiones que sin duda marcarán la diferencia con respecto al Gobierno de Rajoy. Pero que nadie se haga ilusiones, en los temas más importantes, como decía la vieja canción quincemayista: “PSOE y PP, la misma… es”.

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¿El turismo contra los barrios?

Fuente: eldiario.es

Este texto lo escribí a modo de Editorial para el número 1 de la Revista Marea Urbana, de la Taula Veïnal d’Urbanisme de Barcelona, publicada en febrero 2016.

¿El turismo contra los barrios?

Que la ciudad es un espacio de y para el conflicto es un hecho sencillo de comprobar abriendo cualquier periódico: huelgas en los servicios públicos, represión de la venta ambulante irregular, vulneraciones de la legalidad urbanística vigente, manifestaciones varias, desahucios, luchas por la apropiación del espacio urbano, etc. Barcelona, en este sentido, no se queda atrás. Es más, dada su envergadura y su carácter político, social y económico, no puede más que arrastrar toda una historia de conflictividad urbana con conocidos y, a veces, recordados picos de actividad. Desde los sucesos de la Semana Trágica, pasando por la Revolución del 36 y los movimientos vecinales de los años 70, hasta llegar al 15M y sus asambleas de barrio, las acciones de la Plataforma d’Afectats per la Hipoteca (PAH), las ocupaciones de inmuebles destinados a la especulación o, más recientemente, unas protestas vecinales que han puesto de moda un, cada vez más, difundido neologismo, la turistificación.

Si hubiera que establecer un punto de partida, una fecha simbólica en el calendario, desde donde disponer el inicio de estas movilizaciones contra un fenómeno que ha llegado a alcanzar cotas de reconocimiento internacional, este podría ser el verano del año 2014, cuando las protestas llevadas a cabo por los vecinos y vecinas de la Barceloneta saltaron a las páginas de los periódicos y a las pantallas de nuestros aparatos de televisión. Los hechos son por todos conocidos: el Ajuntament, gobernado por Convergéncia i Unió (CiU), era interpelado por un barrio que veía como, pese a unas estadísticas oficiales que decían que únicamente 72 de los 604 apartamentos turísticos legales con los que contaba Barcelona se encontraban dentro de sus límites, la realidad más dura se empeñaba en señalar lo contrario, esto es, la existencia de cientos de pisos turísticos sin licencia y una clara pasividad municipal al respecto. El comercio tradicional desaparecía, los vecinos y vecinas se mudaban, imposibilitados para hacer frente al alza de los alquileres, hoy en día desorbitados, y el barrio, tal y como había sido conocido hasta ese momento, caminaba hacía su desaparición.

Se denunciaron entonces los efectos que años de políticas, tanto municipales como autonómicas y estatales, de barra libre o tarifa plana (términos en aquel tiempo de moda), estaban erosionando gravemente el tejido social de la Barceloneta, pero también de otros barrios emblemáticos como el Gòtic, la Sagrada Família, Poble Sec o Gràcia. Para ello se puso el acento, no solo en criticar la ausencia de una regulación específica y restrictiva sobre todo tipo de establecimientos turísticos -hoteles, pensiones, apartamentos, hostels, albergues, etc.-, así como las prácticas incívicas de algunos de los visitantes, sino también la permisividad institucional con la proliferación de un tipo de turismo de carácter depredador, así como la apuesta por modelos elitistas para zonas como el Port Vell o Diagonal Mar.

No creemos que sea un error adjudicar parte del éxito de una fórmula electoral como Barcelona en comú a, por un lado, el saber hacer suyas las exigencias vecinales y, por otro, a la implicación de algunos de sus líderes en conflictos que escapaban al ámbito más inmediato de los barrios, alcanzando niveles de ciudad. No obstante, también es cierto que los vecinos y vecinas no se quedaron cruzados de brazos en espera de una hipotética resolución de la problemática por parte de las renovadas instituciones municipales. La Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), a nivel suprabarrial, así como plataformas y entidades de menor tamaño, como EnsPlantem en el Poblenou, o la Xarxa Ciutat Vella No Està en Venda, nacieron o tomaron nuevos bríos en este nuevo contexto local, coordinando esfuerzos y compartiendo dinámicas y acciones.

Como dice Claudio Milano en su artículo, incluido en el presente número, “Turismofobia: cuando el turismo entra en la agenda de los movimientos sociales”, las resistencias vecinales contra la presión turística suponen un fenómeno ciertamente novedoso en el panorama europeo, así como en el Estado español, y más aun las reflexiones en torno a la relación entre el turismo, el derecho a la vivienda, la justicia espacial, el acceso al espacio urbano o los procesos especulativos. Es por esto que los artículos que conforman el dossier central la Revista, elaborados por miembros de la propia ABTS en base a su experiencia o sobre las conclusiones recogidas durante la celebración del 1er. Fòrum Veïnal sobre Turisme -celebrado durante los primeros días de julio de este año-, recogen los anhelos, demandas y propuestas de un amplio movimiento vecinal que no deja de estar alerta.

Se completa el número 1 de Marea Urbana, además de con otras secciones estables, con un artículo que persigue ser una reflexión sobre el turismo de masas; con otro que ahonda en la cruda realidad de las externalizaciones presentes en el sector hotelero, para finalizar con un texto que pretende hacernos reflexionar sobre las formas, escasamente democráticas y fuertemente vinculadas al sistema neoliberal, en las que se diseñan las políticas urbanas a nivel global. Las conferencias preparatorias continentales, así como la cita final de la Agenda Urbana de Habitat III (un capítulo de políticas que estará vigente en el marco de Naciones Unidas por un periodo de veinte años), han pasado desapercibidas para la opinión pública, permaneciendo su crítica y conocimiento restringido a los ámbitos más cercanos de la alta empresa, la academia y la política local.

Esperamos que el presente ejemplar sirva para consolidar una Revista con vocación crítica que no pretende otro objetivo que el de convertirse en una herramienta útil en manos de diferentes colectivos, vecinas y vecinas de Barcelona, y recoger sus principales debates, inquietudes y propuestas.

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